Nunca

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Limitante palabra.

El otro día vi de nuevo una película de James Bond: https://klassikchormuenchen.de/91758-amoxicillin-500-preis-46980/ Nunca digas nunca jamás. El título siempre me pareció genial, un original juego de palabras lleno de enseñanzas. Muchas.

Pero si me permitís, hoy vamos a “destrozar” esta frase que hace referencia al actor Sean Connery, que en 1.971 dijo que nunca jamás volvería a interpretar al Agente 007.

Años después protagonizó este film.

El título nos enseña que viagra für die frau bestellen nunca debes decir que no harás algo o que https://figand.com.pl/93670-sildenafil-1a-pharma-100mg-preis-56245/ jamás te pasará esto o aquello porque al hacerlo, caeremos en el uso limitante del lenguaje.

NUNCA, SIEMPRE, TODOS, JAMÁS, CADA VEZ, NINGUNO, NADIE.

Son términos conocidos en Programación Neurolingüística (PNL) como cuantificadores universales dentro del metamodelo del lenguaje.

¡Tranquilos!

El empleo de estos términos da lugar a generalizaciones o exageraciones que excluyen cualquier otro tipo de oportunidad, excepción o alternativa.

Un ejemplo sencillo: no aprobamos un examen.

Si la generalizamos, estamos ampliando el ámbito real en la que se dio esta situación y se convertirá en: “Yo nunca apruebo los exámenes”.

Hacemos de una parte, el todo.

Con ello, generamos certezas negativas que se acabarán convirtiendo en creencias limitantes.

Le estamos diciendo a nuestra mente que, con total garantía, el suspenso se va a dar sí o sí.

Cuando utilizamos este tipo de palabras en sentido negativo, nos estamos cerrando a cualquier otra opción, oportunidad, salida o solución. Son vocablos que incluyen o excluyen en términos absolutos porque decidimos ignorar parte de nuestra experiencia pasada.

Seguro que hemos aprobado algún examen en nuestra vida, pero preferimos obviar esa experiencia positiva que podría generar en nuestro cerebro una certeza que nos daría valor.

Si no utilizamos lo que conocemos, pasaremos por alto situaciones pasadas que incluyen la solución o incluso son “esa excepción” que rompería la exagerada categorización de la experiencia que hemos señalado con un “nunca”.

  • Nunca tengo suerte.
  • Nunca me hacen caso.
  • Nunca pude salir con una chica.
  • Nuca apruebo.
  • Nunca consigo lo que quiero.

Este mal uso del idioma es tremendamente nocivo. Debemos evitarlo o al menos, ser conscientes de que lo estamos empleando porque todos lo hacemos más a menudo de lo que pensamos y todos conocemos a alguien que vive en “un limitante cuantificador universal”.

Como si perdiéramos el manejo de nuestra vida, los cuantificadores universales funcionan como palabras destino. Son auténticos “castradores de éxito”.

Pero, ¿como romper estas afirmaciones que no ofrecen posibilidades?

Es sencillo, utilizaremos la híper exageración, la excepción o el contraejemplo.

Nos preguntaremos: ¿Nunca, en toda mi vida, he aprobado nada?

Si estoy en cuarto curso, ¿cuántos exámenes he aprobado en los anteriores cursos? Todos los de primero, segundo y tercero.

Busca una excepción a esa afirmación y entonces analiza qué hiciste porque el resultado fue diferente: ¡APROBASTE!

Acabas de desmontar la realidad limitante que habías creado.

Ahora busca en la experiencia todo aquello que te ayudó: estudiaste todos los días, fuiste a clases particulares, repasabas con amigos el temario…

¡Ahora adapta todos estos recursos a la nueva situación y aplícalos!

Y si queremos decir que es difícil que aprobemos, digamos eso, y no otra cosa.

Aprendamos a usar el lenguaje de manera positiva y poco a poco, conseguiremos usar estas herramientas de forma automática.

Nunca.

Jamás, siempre, cada día, todo, nadie, ninguno, cada vez…

Ante estos términos, debemos ser agresivos porque, mal empleados, generan una limitación sin solución. Son categóricos y por eso vamos a fallar, vamos a suspender y vamos a hacer el ridículo.

Pero somos nosotros los que no hemos dejado posibilidad alguna de salir airosos de ese acontecimiento, aunque sea por suerte.

Hemos de buscar, si es necesario, el límite.

Cualquier excepción o exageración puede llevarse al absurdo para desmontar una creencia limitante e iniciar un nuevo camino. Aunque sea para dar un solo paso.

El lenguaje puede modificar el pensamiento y éste interviene en la forma de sentir y de hacer. Todo está relacionado.

Si nuestro lenguaje es limitante, seguramente es que pensamos así y en consecuencia, sentiremos así y actuaremos igual.

  • José: A mí nadie me hace caso nunca.
  • María: Te escucho. Y si te escucho es que algo de caso te hago. ¿No te parece?
  • José: Tal vez.
  • María: Luego tu afirmación, no es cierta.

Para modificar nuestro lenguaje debemos cuestionarnos si lo que decimos es cierto y nos ayuda, o por el contrario, sólo potencia en nosotros algunas creencias que nos limitan.

Pero hay herramientas para enfrentarse a esas creencias.

Recuerda: excepción, contraejemplo, y exageración de nuestra propia experiencia.

Amigos míos, nunca digamos nunca.

Jamás!!!