Dolarización

paxlovid price hong kong Hermitage Me dejé caer frente al televisor esperando encontrar algo que no fuesen dimes y diretes, noticias o algún reality de esos que tanto triunfan.

https://cyclestreets.org/78507-where-to-buy-paxlovid-in-singapore-22780/ ¡Suerte! En el Canal Paramount descubro un spaghetti western recién empezado, nada menos que “Por un puñado de dólares”, una película de Clint Eastwood que ya he visto mil veces.

La música de Ennio Morricone acompaña el lento caminar del joven Eastwood, un pistolero ataviado con poncho verde, cigarro en la boca y sombrero. A su izquierda, un viejo está lijando madera mientras susurra una canción. “Prepara tres ataúdes”, le insta el pistolero mientras sigue avanzando en busca de sus próximas víctimas.

Se enfrenta a ellos con la frialdad del que reparte muerte, convencido de que los futuros finados lo merecen.

Cinco disparos y cuatro fiambres.

Vuelve sobre sus pasos y advierte al sepulturero que los tres ataúdes quedaron escasos.

Pocas palabras, la acción justa, ni una frase de más ni una bala de menos.

Esta película es un icono que alimentó un sinfín de posteriores filmes del género, películas del oeste de origen no americano. Es la primera de la conocida como  “Triología del dólar” marcadas, todas ellas, por un personaje solitario, frio, poco hablador y rápido al revolver en busca del dólar.

Reconozco que me gustan las películas del oeste.  Debo esto a mi padre, que las conocía todas. Sonaba la música y ya sabía el título, los actores (pronunciando sus nombres tal y como se leían en español en la pantalla) y todo lo que pasaba. Creo que mi padre inventó el concepto “spoiler”.  Veía esas películas una y otra vez.

Hay algo gratificante en saber lo que va a suceder, empodera la certeza de lo inminente.

Decidí seguir el ejemplo de mi padre. Volver a ver una película de nuevo, más relajado, entronizado en la zona de confort que da la seguridad de que no te vas a perder.

Siempre me llamó la atención el título: “Por un puñado de dólares”. No un dólar, ni un millón, un puñado, sin determinar. La indeterminación es un término interesante. En algunos aspectos y, sobre todo, en algunas situaciones https://electrokits.ro/94459-paxlovid-costa-rica-precio-9297/ la indeterminación nos abre una ventana a la sorpresa, condimento indispensable para la vida.

Hoy en día, tendemos a tenerlo todo concretado y especificado, pero un puñado es nada y lo es todo.

Es increíble la influencia del dinero en todas y cada una de las decisiones de nuestra vida. Casi sin darnos cuenta la mayoría de las acciones que realizamos son transformadas en valor dinerario de forma automática. Coloquialmente solemos quitarle importancia al dinero, pero terminamos trabajando, en el mejor de los casos, ocho horas al día para ganarlo. Nos da miedo perderlo, y aunque resulte increíble, nos da miedo ganarlo.

Un gran amigo suele preguntar: ¿Cuánto dinero quieres ganar? Y la respuesta es siempre curiosa, pues casi nadie contesta: todo. ¿Por qué?

Todos lo deseamos y lo demonizamos a la vez. Lo hacemos objeto de nuestros deseos y lo satanizamos haciéndolo culpable de muchos de los males que nos rodean.

En la actualidad es el dólar la moneda predominante, y este hecho, otorga un gran poder a EEUU sobre el resto de los países y, de igual modo, otorga un gran poder a las personas que lo atesoran.

El poder del dólar es tan grande que muchos países lo adoptan como moneda de uso en transacciones y pagos. A este proceso se le llama “dolarización”. En muchas ocasiones, el dólar deja de lado la moneda nacional y la desplaza a una posición residual.

Este proceso se podría aplicar a los comportamientos humanos; es tal la influencia del dinero en la sociedad que nos forjamos en referencia a él. Las conductas y las relaciones se rinden a su importancia y nos conforman como las personas que somos.

paxlovid prescribing information ontario Es la dolarización humana.

Pero volviendo a la “Triología del dólar”, descubro que su segunda película se titula “La muerte tenía un precio”.

price of paxlovid in australia Várzea Grande Si la muerte tiene un precio, todo tiene un precio.

La amistad tiene un precio, la salud, la alimentación, y hasta la risa tienen un precio, pero ¿cuál es?

Estábamos en un local, esperando a que comenzara el concierto. Diez personas encantadoras y divertidas, todas amigas desde hace muchos años. Pero sin saber por qué, ese día no estábamos finos, no estábamos disfrutando el momento a pesar de lo bien que nos llevamos.

De pronto, pedí a un amigo que estaba sentado a mi lado que, por favor, me diera un billete de cinco euros. Pedí al resto que mirasen un momento y cuando ya tenía su atención, rompí el billete en mil pedazos y los lancé al aire. Se hizo un silencio incómodo por unos segundos, pero de pronto, todos comenzaron a reír, aunque alguno de ellos hizo ver su malestar por romper dinero.

Yo les dije a mí no me molestaba porque no era mío y la indignación fue mayor, especialmente la del propietario del billete, pues sabía que no se lo iba a reponer.

Entonces les pregunté qué valían sus carcajadas y el cambio de actitud de todos después de hacer añicos el billete… pero la resistencia mental a la pérdida insignificante de 5 euros, era superior a cualquier estado de alegría que se pudiera provocar.

Yo me pregunto qué pasaría si le hubiese pedido a mi amigo que me invitase a una copa o a dos. El coste serían diez euros y seguiríamos todos tristes, pero el dinero habría sido bien utilizado.

Romper dinero está mal visto incluso si se canjea por una corriente de risas y felicidad.

Yo pensé que era muy barato. Que pagar cinco euros por pasar una noche riéndonos era un regalo, y más cuando el dinero no era mío. Pero igual estaba equivocado.

Entiendan este relato, no digo que haya que romper dinero, solo que es tan importante el valor que le hemos dado que lo que se haga con él lo marca todo, y eso significa que lo hemos colocado en el centro de referencia de nuestras vidas, desplazando, como en el caso de muchos países, a su propia moneda.

La dolarización humana ha operado del mismo modo en nosotros, sustituyendo nuestros valores por moneda como patrón referencial para medir las distintas facetas de la vida.

El grado de dolarización es además, personal, y ahí debería llegar la reflexión individual. ¿O mejor no?

¿Hasta dónde es el dinero el patrón principal de nuestras vidas?

Les deseo lo mejor, y por favor, no “dolaricen” las sonrisas.