Catáfilos

He viajado por todo el mundo buscando lo que no se puede ver, visitar y fotografiar. Lugares prohibidos donde el hombre tiene limitada su entrada por motivos políticos, religiosos, secretos y un sinfín de argumentos que no vienen al caso.

Hace unos años me encontraba en París, ciudad que conozco como la palma de mi mano, y mi objetivo estaba puesto en visitar las catacumbas no oficiales que recorren la ciudad de la luz y que son más del 90% de las existentes.

En el número 1 de Avenue du Colonel Henry Rol-Tanguy está la entrada oficial para el tour por las catacumbas. Alrededor de un kilómetro y medio de ordenados huesos colocados de forma simétrica bajo el suelo, y que al normal de los mortales hace estremecer. Ustedes pueden hacer el tour, yo no, es sencillamente aburrido.

Durante varias noches estuve merodeando por bocas de alcantarillado y algunas direcciones que había conseguido de husmear por aquí y por allá. Y topé con K-P un chico joven, desaliñado, alto y muy delgado que fijaba en su cabeza una gorra de lana y sobre sus hombros una ajustada gabardina negra. Conseguí convencerlo, billetes en mano, de la mía a la suya, para que me dejará acompañarle en lo que sería una visita ilegal a un laberíntico osario. K-P era un catáfilo profesional que había conseguido burlar durante años a los “cataflics”, una policía especial cuyo cometido es vigilar y sancionar a los que osan adentrarse en la huesera no turística de París.

Accedimos a través de una alcantarilla situada al final de un oscuro callejón, y desde ese momento mis ojos permanecieron perplejos al observar estancias repletas de fémures, tibias, cráneos y todo tipo de huesos esparcidos y dejados Canning Vale gay matchmaking services in san juan capistrano “de la mano de Dios y del Hombre”.

Pero mi cabeza estaba ocupada en adivinar qué lleva a una persona a pasar días y días en este lugar. La respuesta de K-P fue simple: la emoción, la aventura, la adrenalina, el riesgo y la libertad.

Mi guía, mientras nos adentrábamos por aquella ciudad silenciosa, me advertía de los numerosos derrumbes y la facilidad con que se podía uno perder en este laberinto.

Se calcula que hay alrededor de seis millones de cuerpos exánimes en estas catacumbas que recorren más de 300 kilómetros bajo tierra. Originariamente eran unas antiguas canteras que se utilizaron para vaciar los cementerios de París y evitar las epidemias.

Estos apasionados de las catacumbas han construido una ciudad bajo tierra que incluye salas de arte, salas de cine, lugares donde cada noche se celebran fiestas y otras  innumerables actividades.

Durante más de una hora nos adentramos por pasadizos y estrechos pasajes rodeados en todo momento por miradas sin ojos y cabezas sin cerebro. Lleno de barro, polvo y miedo, seguía los pasos de aquel catáfilo que acababa de conocer y del que no me separaba ni un metro para no perder mi billete de salida de esta atracción siniestra.

Llegamos a una sala donde se congregaban otros catafilos, todos bebían  una Gavroche, una cerveza francesa cuyo nombre tiene su origen en uno de los personajes de Los Miserables de Victor Hugo, mientras sonaba, La Foule, de Edith Piaf.  “Que nadie sepa mi sufrir” https://dhruvaksh.com/13-cat/dating_44.html es la canción original.   Parecía que todo estaba preparado para impresionar al novato.

Apenas hablaban entre ellos, y a mis preguntas unas veces directas y otras al aire tuve como respuesta el silencio. Solo una tenue voz, de dicción perfecta y tono cálido,  se solapaba sobre la pertinaz canción dejando un poema de rima libre, del que solo conseguí retener estos versos del final:

waitara nz gay hookup places Shangqiu “En el lugar donde se acerca uno a lo eterno.

aztec gems slot rupiah demo Pensando en cómo, ayer,

machesney park gay asian dating Capua  desperdiciábamos el tiempo de ocupación estéril.

Creil choice poker Es ahora, sin quererlo, donde se consigue vivir después de muerto.

Pues si la vida es estar entre los vivos,

cada noche vendremos a compartir con vosotros nuestro tiempo”.

(éstos versos los recitaron todos los allí presentes al unísono como si de un mantra se tratara).

Después de varias horas de craneales sendas K-P me hizo una señal e iniciamos el camino de vuelta. Accedimos a la negra callejuela y cuando quise despedirme de mi singular guía se había marchado a paso ligero y  con un sigiloso  “Au revoir”.

Con cada paso, aquella noche, resonaban imágenes de lo que acababa de contemplar, pero mi cabeza se preguntaba una y otra vez: ¿Qué lleva a un hombre a pasar días y días bajo tierra rodeado de huesos?

Mientras sonaba, repetidamente, aquella canción  y mis ojos recorrían las paredes óseas sentí por momentos la sensación de que convivía de tú a tú con la muerte, de igual a igual. Como si en esos instantes el miedo a la misma se hubiese convertido en una fuerza intrépida que me permitía mirarla a los ojos. En aquel lugar se consigue la “confusión igualitaria de la muerte” donde se mezclan aristócratas y obreros, blancos y negros, nobles y mendigos. Realmente es el lugar con más igualdad humana que he visitado. Todos están mezclados y sin nombre, no hay recintos familiares, ni cruces de mármol, ni abalorios suntuosos personalizados.

Es tal el miedo con que nos han educado para enfrentarnos a ese momento que buscamos demostrarnos que nosotros no somos cobardes. Y es en ese punto donde tienen cabida las vidas de los catáfilos. El único lugar y momento en que podemos ganar a la muerte es cuando ésta todavía no te ha señalado, y eso se da al ciento por ciento en el parisino calavernario bajo tierra en el  que se mueven estos topos humanos.

Buscamos enfrentarnos a ese final de formas diferentes porque no estamos preparados para ello. Ni una religión como la católica que nos ofrece un lugar mejor consigue anular el pavor que la mayoría de nosotros tenemos a perder la vida. Es un sinsentido vivir aterrados por algo que sabemos que va a suceder y que para muchas personas les llevará al paraíso deseado. Algo está fallando en el proceso -vida- cuando un suceso cierto -muerte- nos consigue inquietar toda nuestra existencia.

Todos queremos ser inmortales, pero la realidad se muestra tozuda, igual deberíamos buscar la inmortalidad en la intensidad de la vida.

Este temor nos impide vivir con plenitud. El miedo es el centro de todas nuestras ansiedades. Permanecer rodeado de huesos durante horas te acomoda a la muerte y, aunque suene duro, te ayuda a vivir la vida.

No sé si disculparme por esta reflexión tan oscura, en cualquier caso,

vivamos sin miedo porque con él no hay vida!!!

Alternancia

Alternar es combinar dos o más cosas sucesivamente, de modo que mientras una tiene lugar, ocupa un puesto o desempeña una función, la otra no lo hace.

En 1885, el Rey Alfonso XII agonizaba en su dormitorio. La sucesión de la Corona pasaba por la regencia de la Reina María Cristina, embarazada del futuro Rey, Alfonso XIII. En una habitación contigua, Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta, amigos y adversarios políticos, discutían sobre el futuro de España:

  • Antonio, debemos calmar a la ciudadanía.
  • La ciudadanía somos tú y yo, Práxedes, pues los pueblos sienten que son lo que son sus líderes.
  • Entonces es fácil: si nos salvamos nosotros, el pueblo se sentirá a salvo.
  • Pero deben sentir que han ganado porque tras el entusiasmo llega la calma y con ella, llegará la estabilidad.
  • Pero Antonio, ¿cómo conseguir que se sientan ganadoras las dos Españas? Tú y yo somos ideológicamente opuestos.
  • Si le aseguras a quien ha perdido que pronto ganará, se sentirá triunfador.
  • ¿Es ese nuestro trabajo? ¿Hacer sentir al pueblo que antes o después, volverán a ganar?
  • No podremos asegurarlo – replicó Práxedes – a menos que gobernemos en periodos alternos, ya que ni tu partido ni el mío tiene apoyos suficientes para permanecer en el poder demasiado tiempo.
  • ¿La monarquía no se opondrá?
  • Por supuesto que no; su estabilidad depende de que la defendamos o la cuestionemos… públicamente.
  • De acuerdo. ¿Quién empieza?

Y así aparece el “turnismo” en España, es decir, la alternancia en el poder. Fruto de la inteligencia de dos políticos y la supervivencia de sus partidos, de la “esperanza segura” de volver a ser el ganador en un breve espacio de tiempo.

La alternancia parece en muchos casos, la forma más justa de resolver una situación. O quizás solo sea una grosera variante de conformismo que somete los intereses colectivos en favor de los intereses de una parte.

Sagasta y Cánovas del Castillo así lo hicieron, justificando la falta de mayorías para el gobierno en solitario, la defensa de la monarquía y las malas experiencias de un pasado reciente que auguraba la inestabilidad del país.

Pero una alternancia pactada es un reparto de poder cuyo único elemento elector, es el tiempo. Es una dictadura de dos que consigue contentar a un pueblo que siente reconocido su color político cada pocos años de forma segura.

Pretendiendo evitar la imposición de una ideología sobre otra, consiguen imponer ambas bajo un sistema de turnos al margen de la voluntad del pueblo. Muy astuto, muy democrático. Me quito el sombrero.

¿No existe otro criterio de merecimiento más loable y más eficaz que el reparto basado en el tiempo? ¿No es un acuerdo injusto?

Si dediqué más esfuerzo, demostré más valía o tuve mejor equipo, ¿debo dejar que, en aras de la no confrontación, el reparto temporal establezca quién debe sustentar el puesto?

Reflexionando sobre nuestro actual sistema político, que ha conseguido dejar atrás el bipartidismo, me planteo si por el camino no hemos perdido la perspectiva a la hora de gestionar los derechos y obligaciones diarios. ¿No hemos trasladado esa alternancia injusta a muchos otros aspectos de la sociedad?

Hemos llegado a una equivocada “alternancia generalizada del reparto”; como él tiene, yo tengo derecho a tener. Como ella pasó de curso, yo he de pasar también. Si tuvo un ascenso, yo me lo merezco, y así en un largo etcétera de “yo también”.

Hemos superado ese absurdo criterio temporal, ya anticuado, para adoptar el “yo merezco eso porque otro lo ha conseguido”, sin preguntarnos por qué, confundiendo derechos con mérito. A ese “por qué” no podrían responder hoy en día ni Cánovas ni Sagasta cuyas decisiones, quiero pensar, pretendían salvaguardar la estabilidad de un país.

El criterio de “la falta de criterio” dirige nuestra sociedad en la actualidad y nos impide la autocrítica. Nuestros mínimos vitales son tan altos a pesar del bajo esfuerzo, que nos hacen vivir en  continua decepción y con un fuerte sentimiento de fracaso. Los Sagasta y Cánovas de hoy, nos trajeron un nuevo invento que vino a salvarnos y nos ha dejado aletargados: la alternancia generalizada del reparto. Es una propuesta de vida que convierte el esfuerzo, la constancia, la justicia y el mérito en un simple “yo también”.

Un sincero y cariñoso abrazo para algunos y después, para los otros.

Koans

Siempre me han gustado los bares, me parecen lugares que invitan a la diversión y a la conversación y hace años, yo tenía un bar de copas llamado “Drumon”.

Allí se hacían conciertos, teatro, se montaban fiestas temáticas y tratábamos de que no solo fuera un lugar de reunión en el que tomar alcohol y bailar de viernes a domingo, tratábamos de poner en práctica cualquier locura creativa que se nos viniera a la cabeza.

  –  ¿Y si proponemos a los clientes que inventen sus propios Koans? Les explicamos lo que son y vemos qué se les ocurre.

Los Koans se comienzan a utilizar en Japón en el S. XII por el maestro Myoan Eisai y consisten en preguntas que se plantean al discípulo para calibrar su avance hacia la iluminación. La cuestión que se plantea es lo menos relevante. El maestro trata de apartar al discípulo de las seguridades del pensamiento lógico desarrollando el pensamiento lateral.

– ¿Un concurso de Koans japoneses en un bar de copas? ¡Me gusta!


Así que colocamos en la barra del bar un cartel con la definición de Koan y las bases del concurso, y al lado, unas tarjetas y unos bolígrafos en una cesta, todo ambientado con motivos japoneses. Por último, unos pergaminos con los Koans más famosos, que pudieran servir como inspiración.

“El maestro hace un palmoteo y dice: Este es el sonido de dos manos, ¿cuál es el sonido de una sola mano?”

Que el discípulo encuentre la solución no es lo más importante; intentar resolverlo abre nuestra mente hacia nuevos lugares, nos obliga a pensar de manera diferente y si logramos interiorizar esa nueva manera de pensar y hacerla nuestra, estamos avanzando. Como diría el maestro: nos acercamos a la iluminación.

Así que, al cabo de unas semanas, abrimos la cesta de los Koans. ¡Y había muchísimos! Nunca olvidaré el primero de ellos:

“Si los gallos cantan, ¿pueden ir a Eurovisión?”.

No paramos de reírnos durante mucho rato, sabiendo que seguramente este sería de los más serios. ¿Acaso alguien esperaba otra cosa en un bar de copas?

Cuando un discípulo intenta resolver un koan, intenta dar respuesta a algo que quizá no la tenga, o tal vez, las respuestas sean múltiples y siempre sometidas a la subjetiva aprobación de aquel que lo formula.

De igual modo ocurre con muchas situaciones de nuestra vida. Nos llegan y no encontramos respuesta fácil ni difícil. Otras veces, la solución a los acontecimientos está sometida a la aprobación de una persona, un grupo o unas reglas sociales.

Demócrito dijo: “El agua puede ser buena o mala, útil o peligrosa. Pero para el peligro puede hallarse un remedio: aprender a nadar”.

El peligro es el bloqueo, el inmovilismo, el fracaso. Ante una situación sin salida, cuando nos enfrentamos a una encrucijada en la que no encontramos una solución, podemos aprender a nadar. Porque eso implica también aprender a flotar y avanzar en un medio como el agua, que no es el nuestro.

Los Koans, como muchas situaciones de la vida nos obligan a pensar y a actuar diferente, con un pensamiento creativo, porque son acertijos cuya solución se aleja de un pensamiento lógico. La clave es hacerlo de forma natural y mecánica, disfrutando del proceso, nos acerque a la solución o no.

“¿Dónde buscamos el tiempo perdido?”

¡Bestial! Este fue realmente muy bueno. Si esto es un koan o no, yo no lo sé, aunque da lo mismo.

Piensen.

Para mí, el verdadero interés de los Koans está en su capacidad de generar nuevas formas de pensamiento y nuevas respuestas a cualquier pregunta.

El avance está en el proceso y la nueva focalización. Es allí donde encontraremos la solución y eso nos ayudará a estar centrados en le presente.

Se explica perfectamente con el famoso poema de Antonio Machado:

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar”.

 Recuerden, la vida feliz se simplifica en la consecución de sueños y la resolución de problemas.

Proceso, focalización diferente y presente.

Aquí está la clave del cambio.

“Dos monjes discutían sobre la bandera del templo que ondeaba al viento.

Uno dijo: “La bandera se mueve”.

El otro dijo: ”El viento se mueve”.

Discutieron de un lado a otro, pero no pudieron ponerse de acuerdo.

Hui-neng, el sexto patriarca, dijo: “¡Caballeros! No es la bandera la que se mueve. No es el viento el que se mueve. Es tu mente la que se mueve”.

Los dos monjes se asombraron.

¿Hasta dónde lo que ocurre, lo hace fuera de nuestra mente? Hemos de trabajar todo lo que acontece y nos afecta fuera de nosotros pero sobre todo, hemos de trabajar nuestro interior, la percepción y la interpretación que hacemos de los acontecimientos externos.

Seguro que han oído frases del tipo: “ese hombre es un asesino, pero claro, su padre fue un asesino”. Y también “ese hombre se hizo misionero, tuvo una infancia muy dura, su padre fue un asesino”.

Los antecedentes son objetivamente iguales, las reacciones totalmente diferentes.La clave está en la focalización y sobre todo en cómo procesamos esos acontecimientos. Los Koans son pruebas para disfrutar del proceso y de una nueva focalización ante lo que se nos plantea al margen del éxito final.

Un monje le preguntó a Kegon: “¿Cómo regresa un iluminado al mundo ordinario?”

Kegon respondió: “Un espejo roto nunca vuelve a reflejarse; las flores caídas nunca vuelven a  las viejas ramas”.

Una vez tomamos y mecanizamos una forma de acometer los retos, los sueños, la vida en todas sus facetas, todo cambia. Ya no se vuelve atrás porque lo hemos interiorizado y lo hemos hecho nuestro.

El siguiente paso es que eso ocurra sin esfuerzo, que fluya, y que lo haga en armonía, sabiendo cuál es nuestra meta y disfrutando del proceso hacia ella como el caminante que avanza por el camino. Cada paso que damos es el que anima al siguiente y así conseguimos una continua retroalimentación.

– Maestro, ¿qué haces tú para estar en el camino verdadero?

– Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo.

– Pero esas cosas las hace todo el mundo.

– No es cierto. Cuando los demás comen piensan en mil cosas a la vez. Cuando duermen, sueñan con mil cosas a la vez. Por eso yo me diferencio de los demás y estoy en el camino verdadero.

El maestro se concentra en cada pequeño paso, en cada instante de cada acción que realiza. Y lo hace focalizándose en lo bueno de ese instante extrayendo de ese pequeño momento lo que puede ayudarle a ser mejor y sentirse mejor.

Cada suspiro de su vida está centrado en el proceso, en el focalización diferente y positiva, y en el presente.

Este fue el ganador del primer concurso de Koans celebrado en mi bar de copas:

– Maestro, discutí con mi amigo. Me pidió que lo dejase en paz pero como no estaba en paz porque está claramente cabreado, no me aparté de él. ¿Debí dejarlo?

Solo conseguimos pensar y reírnos. Ver cómo debajo de un cliente al que solo conocíamos de tomar copas, había una persona con la capacidad de divertirse pensando, ironía y la profundidad de un Koan, fue un descubrimiento.

En realidad lo único claro que pude sacar de aquél curioso concurso es que las personas estamos deseando pensar de forma diferente.

Nos ayuda a ver que hay otra forma de focalizar, que existen infinitas formas de acometer un reto, que hay múltiples maneras de procesar una misma situación.

Y por último, que todos son válidos si son válidos para ti. Sin importar la forma de llegar a ellos.

Por cierto, escribiendo este texto me he dado cuenta de un detalle curioso: Años después traspasé el bar y a día de hoy, sigue abierto y voy a menudo. Eso sí, ha cambiado de nombre. Ahora se llama, “Maestro”.

Así que, esta vez, me quiero despedir de ustedes con un Koan que espero les haga pensar o les haga reír.

Maestro,

Un despido sin finiquito,

¿es un hasta luego?

Activos vitales

Si cumpliésemos nuestros sueños y consiguiésemos resolver todas las dificultades, seríamos felices.

¿Cómo podemos acercarnos a esta situación idílica? Solo hay una manera y es personal porque conseguir los objetivos y resolver los conflictos nos acercará a una vida plena.

Al conjunto de todos nuestros recursos y habilidades personales le vamos a llamar “activos vitales”.

Hace unos años estuve en París. Me gusta ir a lugares que aparecen en los libros, en las canciones, en las películas. Mi destino era uno muy concreto, El Café Momus que aparece en la ópera La Bohème. ¡Siempre me atrajo ese lugar! Llegué al número 17, Rue des Prêstres Sant-Germain a la orilla del Sena y me dije: “¡Ya es mío!”. Pero busqué y busqué y allí no estaba… El Café Momus ya no existía y ahora hay un hotel en esa dirección.

¿Saben qué pasó? Que no me preocupé lo suficiente, que no utilicé el tiempo necesario para documentarme y ahorrarme horas de búsqueda. Yo solo tenía un deseo pero mi grado de compromiso para llevarlo a cabo no iba más allá de aprovechar el viaje a París. No perdí un minuto en asegurarme dónde estaba o cómo llegar.

No preparé mi objetivo, no tenía la información suficiente. Y los objetivos no llegan solos.

Pues bien, eso lo hacemos en cantidad de facetas de nuestra vida: no nos ocupamos de adquirir lo necesario para poder “vivir sin tanto pasivo”. Es decir, para fluir, para no estancarnos y no generar frustración.

La vida nos pondrá delante deseos y objetivos que queremos lograr y también nos pondrá obstáculos y objeciones que desearemos solventar rápido y bien. Lo rápido y eficiente con que hagamos estas dos tareas, hará que nuestra vida sea más o menos feliz. Es así de sencillo.

Estuve buscando el Café Momus durante horas y no existía. Es decir, no tenía manera de encontrarlo. Era materialmente imposible.

Eso mismo ocurre con numerosas situaciones de nuestra vida que no conseguimos resolver. Yo solo tuve que reírme y sentirme tonto porque era un simple café que salía en una ópera pero en muchas ocasiones, lo hacemos con las cosas que marcan nuestra vida, nuestra carrera profesional o nuestros sueños y nos alejamos de ellos porque no tenemos cómo llegar. Ese cómo llegar son los activos vitales que debemos procurarnos y de no ser así, nuestra vida será una serie de capítulos con idéntico final: objetivos que nunca se cumplen y objeciones que jamás se solucionan.

Lo primero que debemos tener es inquietud. Nadie vive en paz sin salir de su zona de confort. Confundimos la calma con la felicidad pero para llevar una vida confortable hay que vivir día a día de forma inconfortable. Ya sé que parece una contradicción, pero no lo es.

La inquietud y la quietud son la misma cosa, solo que una es fruto del despertar del alma y la otra del aburrimiento.

Una vez somos conscientes de que nuestra felicidad va a depender de nuestras habilidades y recursos, siendo partícipes de una actitud proactiva, asumimos el pleno control de nuestra conducta vital.

Clarifiquemos qué aspectos de nuestra vida son más importantes para nosotros, pues es ahí donde surgirán los obstáculos que más nos afectan y donde fijaremos nuestros objetivos.

Hemos de generar una predisposición diaria a adquirir activos vitales.

Aclarado esto, estableceremos una lista de los recursos que puedan hacernos falta en ese ámbito. Es más fácil de lo que parece, solo hay que empezar. Establecemos las áreas y ahora los recursos que pueden aparecer en ellas por remotos que parezcan. Ordénalos según te convenga y entonces, elige.

Para enfrentarnos a su desarrollo vamos a utilizar una herramienta de coaching muy sencilla y que pueden utilizar para muchos ámbitos de su vida.

Se trata del acrónimo inglés GROW y corresponde a las iniciales de Goal (objetivo), Reality (realidad), Options (opciones) y Will, que se traduce aquí por plan de acción para conseguir el éxito.

Debemos de definir un objetivo atendiendo al menos a los siguientes criterios:

  • específico (definido y concreto). La definición ayuda a la acción.
  • medible (para poder trazarlo en plazos o micro-objetivos). El primer paso es el más importante del camino.
  • alcanzable (que sea real). No nos hace daño lo que no sabemos hacer, nos hace daño lo que pensamos que sabemos y no sabemos.
  • retador (que te suponga un esfuerzo y que sea motivador). Si es demasiado fácil, igual es que no te aporta nada.
  • limitado en el tiempo (que tenga un plazo y no muy largo).

Definido el objetivo necesitamos explorar la realidad utilizando preguntas que nos ayuden a descubrir a qué distancia estamos del objetivo:

¿Dónde podríamos empezar a hacer esto?

¿Cuándo empezaste a pensar en este objetivo?

¿Qué otras veces te has propuesto un objetivo?

¿Qué harías si no tuvieras ninguna limitación?

Ahora buscaremos las opciones y caminos disponibles para acercarnos a él. Aquí es importante pensar sin complejos, sin límites.

Ustedes dirán que esto no parece fácil. Están en lo cierto. Decía Sun Tzu, en su libro El arte de la guerra: “Prever una victoria que el hombre corriente puede prever, no es el colmo de la habilidad”.

Si fuera fácil, lo harían otros.

Si no se nos ocurre nada podemos utilizar alguna técnica como el brainstorming o la galería de famosos.

El brainstorming es una técnica para provocar una lluvia de ideas que se puede hacer con los amigos, planteándoles nuestro objetivo y dejando que fluyan las más disparatadas soluciones.

La galería de famosos es algo fascinante. Busquen algún personaje famoso y piensen cómo lo hubiera hecho él, uno tras otro. No se rindan. Se van a sorprender: Luciano Pavarotti, Facundo Cabral, Napoleón, Cicerón, Sócrates… y miles de personajes que son nuestros aliados y nuestros amigos.

Y por último tenemos el plan de acción. Este tiene a mi entender tres elementos esenciales:

  • Un plazo: el plazo para llevar a cabo nuestro plan es esencial. Todo objetivo sin plazo se convierte en un sueño.
  • Las ayudas: las ayudas son esenciales a la hora de iniciar un proyecto. ¿Con qué y con quién contamos para conseguir el objetivo?
  • El grado de compromiso: quizá el más importante.¿Cuánto estamos dispuestos a luchar y apostar para conseguir nuestro objetivo?

Aquí tenemos una técnica para poder adquirir recursos. Existen otras. Elijan una, pero háganlo.

Seamos capaces de llenar nuestras mochilas de activos vitales que nos ayuden a ser más felices.

Un abrazo para todos y cada uno de ustedes.

Reciprocidad

Rentable palabra.

Por la Avda. Principal de Buenos Aires, anda un joven desaliñado pero bien vestido. Se acerca a las personas que hay sentadas en las terrazas y se dirige a ellas, les habla con educación, escribe en un folio y lo entrega. Y entonces se abrazan y casi todas le entregan algo de dinero a Mateo con una sonrisa.

Minutos después tuve la ocasión de ver cómo lo entrevistaban y le preguntaban ¿qué hacía?  El joven comentó que todo le fue muy mal, que perdió su trabajo, su casa y sus ilusiones. Ya no tenía nada. Ya no tenía nada, repitió.

Entonces una mañana al despertarse pensó que lo único que le quedaba era que sabía escribir poesías, y pensó que aquello era lo que tenía que vender. Decidió venir a la zona más concurrida de Buenos Aires y así, de este modo, se acercaba a las mesas y con mucho respeto se dirigía a cualquiera de los clientes.

Señor, le regalo una poesía, son todas personales, la escribiré para usted ahora mismo.

Y así escribía unos versos, los entregaba y con una sonrisa le pedía que si podía abrazarlo. Todo el mundo sacaba su billetera y le entregaba una cantidad de dinero. Me pareció fascinante.

¿Qué ha hecho aparte de entregar una poesía que nadie pidió? Generar una deuda vital, una deuda ética y cultural, generar una deuda personal de la nada.

Ha utilizado la reciprocidad.

La Real Academia de la Lengua Española la define como: “Correspondencia mutua de una persona o cosa con otra.”

La reciprocidad deviene de un proceso cultural. Es una obligación moral e innata que sale de las entrañas y te hace sentir mal si no la cumples.

Se trata de un principio de influencia casi automático, de hecho no es un método lógico para mejorar nuestras ventas, nuestra situación o nuestra posición social, sino todo lo contrario; das sin que te hayan dado. No parece, en principio, un buen negocio.

Los Hare Krishna llegaron a España hace muchos años, y utilizaban esta técnica con una maestría increíble. Se acercaban a ti y te regalaban una rosa o copias del Bhagavad-Gita y luego pedían un donativo. Así consiguieron sumas increíbles de dinero. De hecho, se preocupaban de recoger de nuevo las rosas y las copias pues sabían que un alto porcentaje de las personas que las tomaban en realidad no las querían.

Sin darnos cuenta, la lógica pasa a segundo plano y aparecen la cultura y los sentimientos. La reciprocidad genera vínculos de “deuda” sin objeciones provocando una respuesta afirmativa a una solicitud y genera el concepto de deuda sentimental y gratitud, nos obliga a recibir aquello que no hemos pedido y a dar lo que se nos solicita porque no valora ni mide favores o respuestas. Es una obligación que se genera como concepto asimétrico y poco equitativo.

La persona de la que queremos conseguir algo ya tiene algo nuestro. Así es como, de pronto, nos encontramos con ventaja.

Los limpiacristales de los semáforos son un ejemplo claro de “la ley de reciprocidad”. Saben que tienen que limpiar los cristales de tu automóvil aunque tú no quieras o no lo necesites. De hecho, en ocasiones lo que hacen es ensuciar tus cristales pero a pesar de esto, tú les das algo por el sentido de obligación a devolver algo que ni siquiera han pedido.

¿Qué hago para generar reciprocidad? Anticípate pensando en el otro. Así se genera una deuda mayor que la entidad del regalo, del hecho, del detalle. Sé el primero.

¿A quién puedo ayudar? A cualquiera. Piensa sin limitaciones, atrévete a hacer.

¿Cómo puedo ayudar? Todo vale, si es válido. Entiende que todo es: me importas, estoy a tu disposición, soy así y estoy aquí.

¿Qué doy? Algo de valor que sea gratuito. Tal vez tu tiempo valga.  Parece imposible pero no lo es, piensa en Mateo o en los Hare Krishna.

Siempre que puedas haz o entrega algo que sea individualizado, especifico y personal. Que tenga un valor para el destinatario. Debes mostrar conocimiento de la persona a la que vas a agasajar, debes demostrar que sabes qué es lo que le importa. No mandes bombones sin saber si le gustan o cuál es su sabor preferido, no mandes bombones por Navidad… ¡NO MANDES BOMBONES!

Hazlo de continuo. La continuidad sin recompensa genera más reciprocidad pues denota falta de interés por su parte. Analiza esta estrategia porque es demoledora ya que no estamos preparados culturalmente para sentirnos bien sin devolver las continuas atenciones que recibimos. Nos genera malestar.

¿Por dónde empiezo? Sonríe. Es un regalo muy barato y genera predisposición favorable. Vuelve a sonreír aunque la primera vez no seas correspondido. Es infalible.

Da las gracias por adelantado. Es educación rentable. En todo ámbito de tu vida, la educación es básica pero además la educación es vitalmente muy rentable.

Por favor, no tomen esto como si la reciprocidad fuese un sistema creado artificialmente para conseguir ventajas pero tampoco olviden que todo se trabaja. Ser simpático, respetuoso, generoso yhacerlo además de forma anticipada es una forma inteligente de ir por la vida. Y sí, está estudiado que es así.

Durante años, hice negocios con personas de etnia gitana. Tengo buenos amigos entre ellos y me enseñaron una forma diferente de entender la venta. Son muy hábiles en el regateo y a la hora de calcular cantidades al bulto, pero sobre todo, son valientes para comprar. Muy valientes.

Y uno de ellos, Manuel, me dio la mejor lección de reciprocidad que de mi vida:

Mi amigo quería comprar unos terrenos en Bonete, un pequeño pueblo cerca de Albacete, y me pidió que le acompañara. A más de 100 Kms. de casa y después de toda una tarde recorriendo la finca y contando historias que nada tenían que ver con lo que allí nos ocupaba, la conversación continuó en un bar. Ya pasadas las diez de la noche, mi amigo Manuel comenta que “él no puede acostarse sin comprar o vender algo, que así lleva haciéndolo toda la vida y que así tiene que seguir”.

Dicho y hecho, le lanza a José una oferta:

  • Te cambio mi Mercedes, el que llevo, por tu tierra. A pelo.

Yo miro asombrado, pensando que se están vacilando.

  • ¡Conforme! – Contesta José. – La semana que viene preparamos los papeles.

Y se dan la mano.

Subimos al coche para volver a casa y le pregunto a Manuel,

– ¿Esto es una vacilada, verdad?

– No. Nos dimos la mano. Esto es así.

No habían visto las escrituras del terreno, no tenían claros los lindes, no habían revisado el coche…

Mi amigo me miraba y se reía. ¡Se partía de risa! Y mientras conducía, me contó una historia…

Hace años estaba en unos almacenes a los que les compraba restos y lotes de ropa. Caminábamos por una nave de más de 2000 metros cuando de pronto, al fondo, vi unos trajes.

– Oye, ¿eso qué es?

– ¿Eso? Un lote de trajes cubanos que no sabemos qué hacer con ellos. Los llevaban los antiguos indianos pero nadie se atreve a comprarlos. ¡Hay casi 200! Hazme una oferta.

Me acerqué y empecé a mirarlos: pantalón, camisa, chaqueta y chaleco, todo de color blanco. Tras pensarlo un poco, lancé un precio:

– ¡Te doy 200 pesetas por cada uno!

Después de un breve regateo, llegamos a un acuerdo: 300 pesetas –menos de 2 euros por traje– y los cargué en el furgón con la seguridad de que iba a ganarles mucho dinero. ¡Había hecho un gran negocio!

Al llegar a casa, salió mi mujer con mis hijos y al ver los trajes, comenzaron a reírse de lo que había hecho.

– Esperen que les diga lo que pagué… ¡trescientas pesetas por traje!

Mi mujer Carmen, se giró y entró en casa echándose las manos a la cabeza. ¡Mis hijos se descojonaron de mí hasta conseguir enfadarme!

Por fin llegó el día de mercado y colgué los trajes a 2.000 pesetas, lo que hoy serían unos 12 euros. ¡Pasó la mañana entera y nadie compró ni un solo traje! Y así un día tras otro, a pesar de que los bajé varias veces de precio.

Un par de semanas después, decidí que tenía que hacer algo. ¡Era más una cuestión de ganar frente a mi familia que de ganar dinero! Me levanté una mañana muy temprano, cogí uno de los trajes, lo envolví en papel de regalo y se lo mandé a mi primo de Córdoba, El Antonio. Envolví otro más y se lo mandé al José, mi primo de Écija. Otro al Pujas de Jaén, y así día tras día para quitarme de encima esos trajes como fuera.

A los pocos días, me llega a casa un paquete de mi primo Antonio con una tarjeta dándome las gracias por el regalo y al abrirlo, me encuentro un “peluco”, ¡un reloj de al menos 3.000 pesetas! Le llamo para darle las gracias y al otro día recibo un paquete del José de Écija con una carta diciendo lo mucho que se acordaba de mí y un anillo de oro que me saltaban las lágrimas. ¡Y así un día tras otro! Algunos hasta vinieron a vernos para agradecer el regalo con un jamón y otros obsequios.

Y ese fue el mejor negocio que he hecho en mi vida por lo económico pero sobre todo, por la satisfacción y el agradecimiento recibido.

¡Me di cuenta que gané más dinero regalando que vendiendo!

Y eso es la reciprocidad.

Un abrazo para todos y cada uno de ustedes. No les pido que sea reciproco, pero ahí lo tienen.

Muchas gracias.

Mapa

Ilusioria palabra.

Aquí tenemos a Alfred Korzybski, Oficial de Inteligencia del ejército ruso durante la Primera Guerra Mundial, con uno de sus soldados:

  • ¡Señor, nos hemos metido en un gran agujero!
  • Se equivoca, vamos siguiendo lo que marca el mapa.
  • Señor, definitivamente es una gran fosa y será difícil salir de ella.
  • ¿Cómo es posible?
  • Señor, el mapa no se corresponde con el territorio.

 “El mapa no es el territorio”.

Este polaco, creador de la teoría de la semántica general, acuñó los términos “mapa” y “territorio” que más tarde serían utilizados como presupuestos básicos de la programación neurolingüística por Richard Bandler y John Grinder en la década de los 70.

Nosotros, si les parece, vamos a centrarnos en la palabra “mapa”. Pero no en el mapa que todos conocemos, no en ese papel que nos permite viajar y conocer dónde están los países, sus ríos y montañas. Tampoco en el mapa de nuestro navegador.

Nuestro mapa es el que nos traen Bandler y Grinder, un mapa mucho más importante y útil. Es el mapa del tesoro moderno. Nos trae la empatía, la comunicación eficaz, la resolución de problemas, el diálogo, el entendimiento y la comprensión.

Este mapa es la interpretación que cada persona hace de la realidad y esta realidad es lo que conocemos como territorio.

Cada uno de nosotros tiene un mapa mental, es decir, ante una misma realidad objetiva (territorio) tendríamos tantas versiones (mapas) como habitantes hay en la tierra.

Insisto, es importante:

El mapa no es el territorio.”

Tomar consciencia de este concepto es básico para el entendimiento y el desarrollo personal porque todos pensamos que vemos el territorio pero lo cierto es que respondemos al mapa de nuestra realidad, no a la realidad misma.

Funcionamos con representaciones internas de lo que sucede fuera.

Nuestro cerebro crea perspectivas mentales de la realidad, es decir, genera una imagen en nuestra cabeza que es el resultado de filtrar la realidad misma a través de nuestros sentidos y experiencias, nuestra cultura y nuestro lenguaje.

Todos esos filtros conforman nuestro mapa. Y así ocurre con cada persona.

Entendemos ahora por qué en los debates de la televisión o en el Parlamento, jamás y digo jamás, hemos visto que alguien convenza a otro o ni siquiera se produzca un acercamiento en sus posturas.

El problema en estos casos es que ambas partes quieren tener razón y solo la tienen parcialmente, en el mejor de los casos. Esa discusión es la confrontación de dos o más mapas. Y eso ocurre porque cada uno tiene el suyo y aquí viene lo importante: “no le interesa el mapa del otro”.

Les propongo un reto: vamos a intentar leer el mapa de la persona que tenemos enfrente.

Les aseguro que no es fácil; requiere ver al otro por delante de uno mismo y una gran dosis de humildad, aprender a mirar con los ojos del otro, ponernos en sus zapatos.

Lo primero que tenemos que entender es que la realidad es subjetiva; la objetividad no existe. Cada uno de nosotros percibe la realidad con filtros distintos y por eso nos movemos a través de nuestro propio mapa.

La mejor manera de comunicarnos con los demás es entender la interpretación que su mente hace del territorio, aparcar por un instante nuestra lectura e intentar descubrir la suya, su realidad. Ser capaces de leer su mapa.

Un Mercedes último modelo con todos los extras es un elemento de estatus social para unos, una forma de ir más seguros o un gasto innecesario para otros. Cada una de estas respuestas es el resultado del Mercedes según las prioridades de cada individuo.

Nuestros sentidos, las experiencias pasadas, el lenguaje, la cultura, los anhelos o las circunstancias presentes filtran esa supuesta “realidad objetiva” llamada territorio y la convierten en miles de “realidades subjetivas”.

Aprender a leer mapas. ¡Qué bueno!

Suena a corsarios y piratas, dispuestos a todo por conseguir el mapa del tesoro. Ahora, el tesoro que esconde este mapa de tiempos modernos es “saber qué piensa el otro”.

Es un arma poderosa. Nos posibilita el entendimiento, la adaptabilidad, la consecución de acuerdos, la facultad de persuasión, aumenta nuestras posibilidades de convencer, de entender…

Imaginen por un momento lo que podríamos lograr con semejante tesoro.

Les deseo lo mejor a todos y cada uno de ustedes!!!

Procrastinar

Recurrente palabra.

Hace días que tengo las hojas blancas delante de mí y siempre me digo que empezaré mañana. Seguro que estaré más inspirado. Esto es procrastinar.

Así podríamos empezar y acabar lo que quiero contarles hoy pero al igual que yo, imagino que se habrán preguntado muchas veces cómo puedo no caer en ese famoso “lo haré mañana”.

Según la definición de la RAE, procrastinar significa: “Diferir, aplazar, postergar o posponer”.

Es la acción de retrasar una situación que se debe atender para sustituirla por otra más agradable.

Si usted ha logrado convertir esto en un hábito, a buen seguro le irá mejor aplicando esta frase de Thomas Jefferson: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Si, pero ¿cómo se hace?¿Por dónde empezamos?

Si les parece, por aquí:

  1. Busca las causas que te llevan a dilatar tu trabajo cuando es el momento. Escribe todas las que te vengan a la cabeza. Analiza cada una de ellas. Empieza por las más fáciles de solucionar y ve a por ellas, una tras otra. Muchas te parecerán tonterías pero atiéndelas como si cada una fuera la más importante.
  2. Piensa en las consecuencias de no terminar tu proyecto. ¿Hacia dónde te lleva ese incumplimiento? Comprueba cómo te sientes. Ahora imagina la situación con el proyecto finalizado. ¿Te sientes igual al ver que lo has conseguido?
  3. Repítete y visualiza que puedes empezar ahora mismo. Es más fácil si minimizas cada uno de los motivos que escribiste como causas de tu demora. Ahora hazlos más pequeños, simples y ridículos. ¡Tanto como puedas! Verás que no son tan insalvables.
  4. Los trabajos que se detallan y pormenorizan tienen más posibilidades de ser acabados así que trocea la tarea en pequeñas metas. Tan pequeñas como necesites para poder alcanzarlas con el mínimo esfuerzo. Estos son tus micro-objetivos y ellos te guiarán hacia el éxito. Puedes repetir esta acción tantas veces como creas necesario y entonces podrás acometer los que te supongan menos de un minuto. Luego los que te lleven dos, luego los de tres… ¡Llegarás a preguntarte por qué no lo habías hecho antes!
  5. Combina tu tarea con otras que te gusten; puedes escuchar música o tomarte un café. ¡Tú decides! Utiliza las herramientas que te apetezcan como escribir con pluma, una libreta de tapa dura, una calculadora más grande, herramientas nuevas de mecánica, ropa cómoda, etc. En definitiva, haz más agradable tu tarea.
  6. Toma decisiones. Piensa dos minutos sobre la tarea y si decides conscientemente demorarla, no estás procrastinando. Revisa si realmente te interesa o te es útil. Sé firme con la decisión, pero sé sincero.
  7. Y ahora, lo más difícil… Aprende a decir no a los proyectos o tareas que vienen de fuera y te sientes obligado a aceptar. Mide tu tiempo, pero sobre todo, mide tu energía.

Si has dejado muchas cosas para mañana, te aconsejo que ese mañana sea hoy.

Ahora os propongo un ejercicio muy efectivo y sencillo.

Hagámoslo juntos,

Imaginen que acaban de entrar en una sala de cine.

Tomen asiento. Hoy son espectadores de una película personal; el argumento es una tarea que han procrastinado.

Silencio en la sala, empieza la proyección:

En la pantalla aparece una imagen grisácea y desenfocada de la tarea.

Una concreta. ¿La ven?

¡Visualice! Por favor, hágalo.

Ok. Seguimos.

La música que la acompaña es desagradable.

En la película aparece una pequeña imagen. Muy pequeña. Es su rostro  desencajado y frente a usted, de gran tamaño, esa tarea sin hacer.

¡Y está acercándose!

La música, cada vez más horrible, aumenta de volumen y el color gris se intensifica y trae con él un olor nauseabundo.

Fije su mirada en la pantalla y observe todo lo que allí transcurre y no le gusta. Hágalo con detalle. ¡Visualícelo todo! ¡Escuche! ¡Huela!

¿Lo tiene? Seguimos.

Poco a poco, la imagen de la tarea se va difuminando, se va haciendo pequeña, se aleja… La música pierde volumen hasta casi no oírse y el mal olor desaparece. Los colores van cambiando y se ofrecen alegres y vivos. Son sus colores preferidos.

Su figura emerge gigante frente a esa diminuta tarea. Su rostro es brillante y su mirada, entusiasta. Comienza a sonar su canción preferida.

Tómese su tiempo, busque el detalle sin prisa. ¡Disfrute!

Ahora hay un paisaje en el que su trabajo pendiente está perfectamente ejecutado en el plazo previsto. En tiempo y forma.

La imagen se hace más y más grande y puedes disfrutar de tus colores favoritos cada vez más intensos, de los olores más agradables y de esa música que tantas veces has escuchado y que siempre te invita a cantar.

¡Siéntelo! Hazlo, por favor. ¡Estas hablándole a tu cerebro!

Te has convertido en el protagonista de tu propia película. ¡Y es un éxito! Has conseguido generar un cambio en tu estado emocional. Has creado una nueva motivación y esto hace que puedas modificar positivamente tu toma de decisiones.

Somos pasajeros de nuestra propia mente. Solo tenemos que aprender a estructurar el viaje de una manera consciente, rápida y útil.

 “Soy bueno, solo necesito saber cómo hacerlo”.

Os sorprenderá lo fácil que será sustituir “procrastinar” por “ejecutar”.

No nos hacen falta arengas, ni discursos, ni nadie que nos motive cada mañana. Somos los mejores generadores de nuestra propia motivación.

La motivación no necesita voz, solo emoción.

Les deseo lo mejor a todos y cada uno de ustedes!!!

Plañidera

Lucrativa palabra.

Según la definición de la RAE: Mujer llamada y pagada que iba a llorar a los entierros.

Su origen data de los egipcios y en la antigüedad iban cubiertas con un velo y provistas de una jarra o vaso para recoger las lágrimas vertidas en honor al difunto, que se introducía en una urna junto a las cenizas del fallecido. Así se dejaba constancia de su poder social y riqueza: a más vasos, más plañideras.

Según este punto de vista, a los pobres nadie los quería.

Yo curiosamente, descubrí esta palabra en “El Lazarillo de Tormes”. Escuchaba en el colegio su lectura, sin pena ni gloria, cuando en uno de sus pasajes El Lazarillo se encuentra con un entierro. Junto a la viuda, unas mujeres gritaban entre lágrimas que “llevaban al muerto a la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen y beben”.Y el pobre Lazarillo corrió a decirle a su amo que traían un muerto a su casa.

¡Me hizo mucha gracia!

Y junto a esas risas, el profesor comentó que esas mujeres eran las conocidas “plañideras”. Tal vez es lo único que recuerdo del libro pero jamás olvidé esa palabra.

Me resultó tan curioso pensar que alguien pudiera ir a llorar a una persona que no conoce y además, cobrase por ello.

Gastar en llanto. Es bestial.

Algunas plañideras cuentan como para evocar con facilidad esos momentos tristes que facilitaran sus lágrimas estudiaban el Sistema Stanislaski, un método utilizado por los actores para meterse en un personaje. Con su práctica se puede llegar a controlar las emociones y generar distintos estados de ánimo.

Cuentan también estas mujeres como se entrevistaban con algunos miembros de la familia antes del entierro para conocer los hábitos y costumbres del difunto y así poder realizar mejor el trabajo.

¿Cuál es el motivo que nos lleva a hacer esto?

¿Que vean los demás que el difunto tenía amigos?

¿Que la sociedad se haga eco de su popularidad?

Señores, no nos olvidemos de lo más importante: ¡está muerto!

Si el motivo es alguno de los mencionados, ¿por qué no hacerlo en privado en vida del finado o en cualquier acto de relevancia social? Seguro que sentiría vergüenza y no lo permitiría. Todo el mundo se reiría de él.

Curioso mundo dónde procuramos acompañamiento pagado al que no lo necesita y gastamos en llanto lo que no disfrutamos en sonrisas con el difunto.

¡Pensad en ello!

A nuestra boda no invitaríamos a un desconocido, ni siquiera permitiríamos que asistiese.

Ningún padre pagaría a un grupo de niños para que le cantasen el cumpleaños feliz.

Imagínate esta escena por un momento: un niño pequeño espía una casa donde alguien se está muriendo para poder avisar rápidamente a su madre y que sea la primera en ir a llorar y así, ganar un sueldo.

¡No sigas leyendo y piensa que es un niño que conozcas!

¿Te parece demasiado duro?

Pues cuentan que en Sos del Rey Católico, un pueblo de Zaragoza, se contrataba a la plañidera que antes llegara al velatorio y los niños hacían guardia en las casas de los enfermos para que avisaran cuando oyeran llantos y gritos de dolor.

Pero eso son cosas que pasaban antes, ¿no?

En la actualidad ha aparecido una empresa en Reino Unido, Rent a  Mourner. Es un negocio de plañideras. Tiene actores, acompañantes y figurantes. Su tarifa son 57 euros. Pueden ir vestidos de militares haciéndose pasar por compañeros del ejército o del gremio que corresponda e incluso se informan de la vida, costumbres y amistades del fallecido y se aprenden algunas anécdotas que contar.

Si esto se pone de moda y todos hacemos lo mismo acabaremos dando el pésame a la misma persona con distinta vestimenta en muchos entierros.

¡Ja, ja, ja!

En el estado de Queretaro, Méjico, se celebra un famoso concurso de plañideras el Día de los Muertos. El premio es para la más llorona, supongo.

Creo que realmente es una filosofía de vida y que las plañideras volverán a ser cada vez más famosas. En una sociedad de postureo, de imagen, de seguidores y artificio, las “lloronas” tienen un sitio que ocupar. Basta con que un día, un famoso decida usarlas y lo siguiente será ver dónde marcamos el record de plañideras en un funeral.

¡Acuérdense, lo veremos!

Pero por otro lado, si contratamos un grupo de música para amenizar una fiesta, si pagamos un ataúd de roble para que el muerto – que no se va a mover – sea enterrado, si compramos flores y flores para mostrar públicamente nuestro afecto…

¿Por qué no contratar lágrimas y número de asistentes?

Algunas plañideras argumentaban que el ser humano tiene un tope de lágrimas y que al celebrarse los funerales uno o dos días después del fallecimiento, a los familiares no les quedaban lágrimas para el evento. De ahí la necesidad de su contratación.

 Argumento, sin duda, original.

Tanto la risa como el llanto son contagiosos. Será por eso que hay que favorecer que alguien venga al velatorio con el depósito de lágrimas lleno.

EL DOLOR NO SE MIDE POR EL RUIDO QUE HACES DE ÉL.

Quizá la cuestión es si hacemos esto por la persona fallecida o por nosotros mismos.

La falta de concurrencia, fastos o popularidad en vida, dejan la carga en el vivo y ocurre exactamente igual en un entierro, pero aquí los vivos somos nosotros.

Tal vez por eso existan las plañideras, no tanto para acompañar al muerto, sino para cubrir los miedos sociales de los vivos.

Dudé si despedirme con unas lágrimas o con un fuerte abrazo, pero dejemos las lágrimas para las profesionales.

Un fuerte abrazo para todos y cada uno de ustedes!!!

Nunca

Nunca.

Limitante palabra.

El otro día vi de nuevo una película de James Bond: Nunca digas nunca jamás. El título siempre me pareció genial, un original juego de palabras lleno de enseñanzas. Muchas.

Pero si me permitís, hoy vamos a “destrozar” esta frase que hace referencia al actor Sean Connery, que en 1.971 dijo que nunca jamás volvería a interpretar al Agente 007.

Años después protagonizó este film.

El título nos enseña que nunca debes decir que no harás algo o que jamás te pasará esto o aquello porque al hacerlo, caeremos en el uso limitante del lenguaje.

NUNCA, SIEMPRE, TODOS, JAMÁS, CADA VEZ, NINGUNO, NADIE.

Son términos conocidos en Programación Neurolingüística (PNL) como cuantificadores universales dentro del metamodelo del lenguaje.

¡Tranquilos!

El empleo de estos términos da lugar a generalizaciones o exageraciones que excluyen cualquier otro tipo de oportunidad, excepción o alternativa.

Un ejemplo sencillo: no aprobamos un examen.

Si la generalizamos, estamos ampliando el ámbito real en la que se dio esta situación y se convertirá en: “Yo nunca apruebo los exámenes”.

Hacemos de una parte, el todo.

Con ello, generamos certezas negativas que se acabarán convirtiendo en creencias limitantes.

Le estamos diciendo a nuestra mente que, con total garantía, el suspenso se va a dar sí o sí.

Cuando utilizamos este tipo de palabras en sentido negativo, nos estamos cerrando a cualquier otra opción, oportunidad, salida o solución. Son vocablos que incluyen o excluyen en términos absolutos porque decidimos ignorar parte de nuestra experiencia pasada.

Seguro que hemos aprobado algún examen en nuestra vida, pero preferimos obviar esa experiencia positiva que podría generar en nuestro cerebro una certeza que nos daría valor.

Si no utilizamos lo que conocemos, pasaremos por alto situaciones pasadas que incluyen la solución o incluso son “esa excepción” que rompería la exagerada categorización de la experiencia que hemos señalado con un “nunca”.

  • Nunca tengo suerte.
  • Nunca me hacen caso.
  • Nunca pude salir con una chica.
  • Nuca apruebo.
  • Nunca consigo lo que quiero.

Este mal uso del idioma es tremendamente nocivo. Debemos evitarlo o al menos, ser conscientes de que lo estamos empleando porque todos lo hacemos más a menudo de lo que pensamos y todos conocemos a alguien que vive en “un limitante cuantificador universal”.

Como si perdiéramos el manejo de nuestra vida, los cuantificadores universales funcionan como palabras destino. Son auténticos “castradores de éxito”.

Pero, ¿como romper estas afirmaciones que no ofrecen posibilidades?

Es sencillo, utilizaremos la híper exageración, la excepción o el contraejemplo.

Nos preguntaremos: ¿Nunca, en toda mi vida, he aprobado nada?

Si estoy en cuarto curso, ¿cuántos exámenes he aprobado en los anteriores cursos? Todos los de primero, segundo y tercero.

Busca una excepción a esa afirmación y entonces analiza qué hiciste porque el resultado fue diferente: ¡APROBASTE!

Acabas de desmontar la realidad limitante que habías creado.

Ahora busca en la experiencia todo aquello que te ayudó: estudiaste todos los días, fuiste a clases particulares, repasabas con amigos el temario…

¡Ahora adapta todos estos recursos a la nueva situación y aplícalos!

Y si queremos decir que es difícil que aprobemos, digamos eso, y no otra cosa.

Aprendamos a usar el lenguaje de manera positiva y poco a poco, conseguiremos usar estas herramientas de forma automática.

Nunca.

Jamás, siempre, cada día, todo, nadie, ninguno, cada vez…

Ante estos términos, debemos ser agresivos porque, mal empleados, generan una limitación sin solución. Son categóricos y por eso vamos a fallar, vamos a suspender y vamos a hacer el ridículo.

Pero somos nosotros los que no hemos dejado posibilidad alguna de salir airosos de ese acontecimiento, aunque sea por suerte.

Hemos de buscar, si es necesario, el límite.

Cualquier excepción o exageración puede llevarse al absurdo para desmontar una creencia limitante e iniciar un nuevo camino. Aunque sea para dar un solo paso.

El lenguaje puede modificar el pensamiento y éste interviene en la forma de sentir y de hacer. Todo está relacionado.

Si nuestro lenguaje es limitante, seguramente es que pensamos así y en consecuencia, sentiremos así y actuaremos igual.

  • José: A mí nadie me hace caso nunca.
  • María: Te escucho. Y si te escucho es que algo de caso te hago. ¿No te parece?
  • José: Tal vez.
  • María: Luego tu afirmación, no es cierta.

Para modificar nuestro lenguaje debemos cuestionarnos si lo que decimos es cierto y nos ayuda, o por el contrario, sólo potencia en nosotros algunas creencias que nos limitan.

Pero hay herramientas para enfrentarse a esas creencias.

Recuerda: excepción, contraejemplo, y exageración de nuestra propia experiencia.

Amigos míos, nunca digamos nunca.

Jamás!!!

Resiliencia

Curiosa palabra: resiliencia.

Hay cientos de definiciones pero a mí me gusta decir que es la capacidad de aguantar sin caer derrotado y volver a intentarlo una y otra vez. Si pensamos un poco, la vida es “resiliencia”.

De hecho, la felicidad consiste en la capacidad del ser humano de aplicarla, de caer y levantarse. El hombre es, por destino, resiliente.

Vemos a menudo cómo hay personas que dominan el arte de rehacerse, de reinventarse ante la adversidad, de rebotar ante una experiencia difícil. Todo eso es resiliencia.

Pero no basta con pensar que me voy a levantar, no es suficiente con decirle a alguien que ha sufrido un duro golpe: “¡Sé resiliente!”. Todos hemos tenido miedo a las alturas o a los perros o al mar, y siempre hay alguien nos dice: “¡No tengas miedo!”.

Pero la resiliencia se entrena, se desarrolla, se trabaja y se potencia al margen de que una persona sea de naturaleza más o menos resiliente.

Os aseguro que es la vida lo que nos hace más o menos capaces de superar las adversidades.

Ahora bien; hay formas, herramientas, hábitos, habilidades que podemos desarrollar y que nos harán ser más fuertes y parecer indestructibles.

Desde ANDWORDS queremos contaros lo que pensamos de cada palabra que proponemos, sin categorizar, sin autoridad y sin poner en un altar nuestras reflexiones.

Es para vosotros y para que juntos pensemos y sobre todo, para que nos podamos beneficiar y encontrar la mejor manera de vivir.

Porque vivir consiste en la consecución de objetivos y la resolución de conflictos.

Pensadlo.

Todos luchamos para que se cumplan nuestros sueños y nos esforzamos para resolver los problemas que encontramos en el camino.

La resiliencia tiene mucho que ver con esto y aquí vamos a ver algunos aspectos que nos ayudarán a “levantarnos de la caída y aprender”.

El autoconomiento.

Es un elemento importante. Saber, al menos, con qué habilidades contamos, qué se nos da bien, cuáles son nuestras debilidades.

Planificar.

Trazar un plan es primordial. Nos ayuda a ver el problema y su posible solución de forma más objetiva.

Sí, seamos objetivos en ese momento tan duro.

Porque ser objetivo supone analizar el problema como un espectador.

Ser objetivo permite controlar las emociones.

Permite ver nuestro problema como un problema de matemáticas y así podremos mirar con perspectiva.

Y la perspectiva nos permite valorar el alcance, nos permite minimizar las consecuencias, analizar las salidas, asumir costes y al fin, establecer pequeñas metas.

Repito: pequeñas metas.

Porque no podemos solucionar un problema de un solo golpe.

En la mayoría de los casos, el establecimiento de pequeñas metas  asequibles y a corto plazo, nos permitirá no tener miedo de tomar decisiones.

Es imprescindible avanzar.

Empezar a caminar porque el camino se inicia con un primer paso y para dar este primer paso podemos buscar en nuestro “disco duro”.

Sí, nuestro pasado es nuestra gran biblioteca llena de soluciones y también llena de malos momentos. Y es ahí donde podemos empezar a buscar.

Identifica un momento malo del que saliste airoso, observa cómo empezaste a encontrar la solución y aplícalo a éste.

Con calma, busca en los libros, las webs, pide ayuda a formadores, a expertos, a personas de tu confianza.

Lee las biografías de personas increíbles que mostraron al mundo lo que es la resiliencia: Nelson Mandela, Frida Kahlo, Stephen Hopkins y cientos de hombres y mujeres que nos acercan sus vidas con tan sólo encender un ordenador o comprar un libro. Ellos son maestros increíbles que nos hablan, que nos enseñan  “cómo hacer”.

Son personas  ejemplo.

Y desahógate.

¡Sí, hazlo!

Siente tus emociones.

No las reprimas.

¡Y no te hagas esclavo de ellas!

Aprende a sublimar.

Curioso término para dar escape a lo que muchas veces llevamos dentro. Una acepción que me encanta: transformar nuestros impulsos instintivos en actos más aceptados, más suaves, menos dramáticos.

Busca algo que te guste: la fotografía, la pintura, la música, el deporte… ¡Y enfócate todo lo que puedas en esa faceta que te entusiasma!

Aprende a no identificar crisis con problemas insuperables.

No es lo mismo.

Siempre somos más que lo que nos acontece, siempre estamos por encima de cualquier hecho que nos afecte. A veces ganaremos, y otras pensaremos que hemos perdido. Siempre, en todas ellas, si nos tomamos el tiempo necesario y pensamos habremos aprendido.

Y en cualquier caso hay una frase:

Yo siempre puedo más!!!